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Libro: El arte de pensar

EL ARTE DE PENSAR

Cómo los grandes filósofos pueden estimular nuestro pensamiento crítico

José Carlos Ruiz

La pregunta del s. XXI que tenemos que realizarnos es: ¿por qué no cuidamos nuestro pensamiento de igual modo que hacemos con nuestro cuerpo?. Igual que existe una Medicina preventiva debería haber una higiene mental preventiva, es decir, crear hábitos mentales sanos.

Traemos de serie, de manera innata, un compendio de actitudes que se asocian a la filosofía: la perplejidad y el asombro por una parte,  y por otra parte la necesidad de saber, la capacidad de cuestionar y preguntar, en una palabra: la curiosidad. Ser curioso por ser curiosos no conduce a ningún sitio, debemos tener una curiosidad humanística y responsable. Tenemos que fomentar la curiosidad desde que somos niños, pero si queremos que esta curiosidad desemboque en algún tema práctico, tenemos que dotarla de pensamiento crítico.. La curiosidad no es un fin, sino un medio para lograr un objetivo.

El césped y el árbol: podemos elegir la felicidad del césped o la felicidad del árbol.

  • El césped tiene muchas ventajas, estéticamente es muy bonito y si nos tumbamos sobre él notaremos su comodidad. Además crece con mucha facilidad, no necesitamos esperar mucho tiempo para poder disfrutarlo. Se planta, se riega un poco a diario y crece, es una planta muy agradecida, pero tiene una serie de inconvenientes que es necesario tener en cuenta: posee una raíz frágil, poco profunda, de modo que cualquiera que dé un pequeño tirón puede arrancarlo sin apenas esfuerzo; necesita un cuidado diario y es relativamente delicado; sufre mucho con los cambios meteorológicos, será el primero en secarse si no tiene agua o en pudrirse con una lluvia intensa y persistente; además, la facilidad con la que crece es la misma con la que muere, cualquier acontecimiento puede afectar a su quebradiza estructura.
  • El árbol es todo lo contrario. Su semilla tarda mucho en germinar y necesitamos años para poder disfrutar de su sombra. Crece a su ritmo, no tiene prisa por demostrar la belleza de sus ramas y de sus hojas, sino más bien por asegurarse un tronco y, sobre todo, unas raíces que le permitan enfrentarse a la vida sin miedo. No necesita grandes cuidados, apenas un poco de agua al principio, pero después serán sus raíces las que busquen el alimento, las que profundicen, las que tengan que apañárselas para sostener al resto del tronco. Frente al césped, el árbol no tendrá problemas con los cambios meteorológicos y no temerá a las grandes tormentas. Al tener un tronco fuerte, las tempestades podrán partirle algunas ramas o hacer que sus hojas se caigan, pero el árbol seguirá siendo árbol.

Pensar, tal y como yo lo veo, es un ejercicio donde se combinan los dos elementos esenciales del ser humano, la razón y el sentimiento.

¡Atrévete a pensar!, porque es la única manera de convertirse en uno mismo.

En el estudio de Norton y Dun destaca que el dinero da la felicidad si sabemos cómo y, sobre todo, con quién gastarlo. Según el análisis de datos, el dinero aumenta considerablemente la felicidad si se gasta y se comparte con otros en lugar de derrocharlo en uno mismo.

Una de las claves del éxito en una persona es que sea capaz de hacer dos cosas vitales para alcanzar el bienestar: que pueda decidir por sí mismo y asumir las consecuencias de esta toma de decisiones.

Sócrates acuñó el término de intelectualismo moral que se resumen en decir que los que obran mal lo hacen porque son idiotas, porque no saben realmente porque no saben realmente que quienes más daño terminarán sufriendo, bien de manera directo o indirecta, son ellos mismos.

Barry Schwartz describe dos modelos de personas: los maximizados, personas que quieren hacer siempre la elección perfecta, sacar el máximo partido de sus decisiones, son personas predestinadas a sufrir; los satisfactorios, personas que ante una elección no se complican la vida en absoluto, saben que es lo que quieren o lo que necesitan, no quieren lo mejor siempre, no buscan hacer la compra perfecta, todo lo contrario, suelen estar contentos o satisfechos con sus elecciones. Los primeros tachan a los segundos de conformistas y al revés de inconformistas, personas que nunca están conformes y satisfechas con las elecciones que hacen.

Cuando se trate de tomar grandes decisiones y dudemos en los criterios racionales, cuando sean decisiones que repercutan en nuestra vida de manera profunda, entonces tenemos que hacer caso a la parte emocional porque será la que nos aportará la energía diaria para sentirnos bien con la decisión tomada.

Nos obligamos a cuidarnos por un lado, a sacrificarnos en muchas facetas personales, en pos de una vida más saludable, pero, por otro lado, dopáramos de intentar disfrutar hedonistamente de placeres que no son buenos para nuestra salud.

La posverdad, es decir, una mentira bien contada, que aporte sensación de verdad y que acuda directamente a movilizar el lado emocional del ser humano, es más rentable que cualquier verdad de cara a forjar opiniones.

Adquirir una actitud vital donde la duda tenga su papel, donde la duda se imponga al imperio de la inmediatez que nos apabulla de manera despótica, sería algo tremendamente beneficioso para nuestra evolución, para construir una sociedad más sana en lo referente a hábitos mentales.

Prudencia viene del latín prudencia, “el que va por delante”. La prudencia es esencial de cara a enfrentarte a determinadas situaciones vitales, pues implica templanza, cátela, moderación, …, en definitiva, buen juicio. Pero también la prudencia es inicialmente una actitud reflexiva para afrontar un problema o situación, porque ser prudente significa poner en marcha la capacidad de análisis, saber discernir lo bueno de lo malo, lo conveniente de lo perjudicial.

Para ser feliz tenemos que vivir de manera tranquila y serena, en paz con nuestros semejantes, pero sobre todo, con uno mismo, y la mejor manera de hacer esto es practicarlo a diario, aceptar que la vida acontece como acontece, es como es, y que hay obligaciones y cosas que debemos hacer y otras que son prescindibles.

La afasia no es otra cosa que la “suspensión del juicio”, es decir, no opinar, no enjuiciar. Este es un instrumento importante para poder alcanzar esa tranquilidad (ataraxia) que ansiamos.

El progreso del individualismo hasta el extremo del hiperindividualismo nos provoca una necesidad inconsciente de sentirnos seres únicos, de no querer convertirnos en masa. Los mensajes de esta sociedad hipermoderna giran siempre en torno a lo excepcional: personas excelentes, imágenes sorprendentes, bellezas insólitas, restaurantes singulares, paisajes asombrosos, experiencias sensacionales…, y claro, de repente nos miramos en el espejo, hacemos análisis y caemos en la cuenta de que no somos nada fuera de lo común, con las consecuencias para la autoestima que esta conclusión conlleva.

Esta obsesión por lo singular, lo exclusivo termina pasándonos factura hasta el extremo de denostar lo que realmente es importante y vital en nosotros: lo ordinario, lo repetitivo. Ortega y Gasset dijo que el hombre es un ser de costumbres. Lo normal se ha convertido en una pesada carga psicológica que nos hace sentir desgraciados. Estamos cometiendo el error de repudiar la rutina. Lo rutinario se ha convertido en un estigma, sinónimo de aburrido, de sos , de insulso. Si activamos el interruptor del pensamiento crítico descubriremos que para ser felices tenemos que ser arquitectos de nuestra propia rutina. Pocas cosas producen más satisfacción, calma y sosiego que una rutina planificada por uno mismo.

La realidad, como es obvio, posee múltiples perspectivas, y estas están determinadas por las circunstancias de cada sujeto. Si entendemos esto, podremos ser más comprensivos con los demás y con las cosas que pasan a nuestro alrededor. Por eso es deseable no anclarse siempre al mismo punto de vista, por esto es bueno cambiar de cadena de tv y escuchar y analizar a diferentes partidos políticos para hacerse una idea de la multiplicidad de sus posturas y propuestas. Para Ortega, la suma de las perspectivas era mejor que tener solo la tuya, por eso es importante aprender a enriquecerse con las perspectivas de los demás.

Lo contrario de la virtud es el vicio. La virtud es la adquisición de hábitos buenos y el vicio la adquisición de malos hábitos.

Los radicales maniqueos entienden el mundo con un código binario, es decir, solo comprenden la realidad de dos maneras: o conmigo, o sin mí; o eres de los míos, o estás contra mí.

En lugar de ganarnos la antipatía de los demás tratando de oponernos a sus ideas, creencias, costumbres…, es mucho mas provechosos mostrarnos como personas que quieren saber, que desean entender la procedencia de estas ideas, que hacen las preguntas adecuadas para obligar a las otras personas a pensar respuestas convincentes y certeras. Sabiendo usar la mayéutica adecuadamente podremos convertir la antipatía en admiración y respeto.

El problema es que ahora, en pleno s. XXI, hemos aunado dos componentes obligatorios para ser feliz. El primero, convertir tu vocación en trabajo y así alcanzar el lema más deseado del mundo laboral: encuentra un trabajo con el que disfrutes y no tendrás que trabajar nunca más. El segundo factor tiene que ver con la remuneración: hacer lo que te apasiona con perseverancia y tesón te aportará ese dinero ansiado. Estos dos elementos, pasión laboral y dinero, parecen ser la nueva panacea de la felicidad. Por eso hemos de tener mucho cuidado a la hora de asimilar estos sueños.

El lema que nos venden desde los púlpitos del liberalismo económico sobre que el hombre triunfador es el resultado de la perseverancia y el talento no es cierto para la mayoría de nosotros. Existen muchos factores alternativos que influyen en la subida de escalafón social de los que no tenemos control: agenda de contactos, educación recibida, endogamia consustancial golpe de suerte,…

Hobbes y Maquiavelo, como bien señala José Antonio Marina coincidían en que el miedo es la emoción política más potente y necesaria, la gran educadora de la humanidad. Tenemos miedo a perder el trabajo y por eso claudicamos con horarios que abusan, congeles déspotas,…Tenemos miedo a que nuestros hijos sufran o no sean felices y entonces nos sacrificamos por ellos para que no aprendan a sacrificarse….

Tres elementos se muestran como grandes retos para afrontar el presente y construir una identidad sólida frente a lo que hemos venido llamando, estando prestado el término de Bauman, una identidad líquida. Estos retos son el hiperindividualismo frente a la ciudadanía o grupo. La neofilia (amor a la novedad) que se ha incrustado como un dogma sin ni siquiera cuestionarse  si cualquier novedad que surja es buena y la turbotemporalidad que ha cambiado la percepción del paso del tiempo de manera tajante.

No está de más recordar que no podemos controlar, que no depende de nosotros y por lo tanto no podemos dejar que nos afecten mucho estas cosas:

  • Las opiniones de la gente
  • Lo que otras personas puedan conseguir/lograr
  • Los afectos de otras personas (parejas rotas, neofilia, consumo material)
  • Nuestra ausencia de talento.

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