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Por ellos, nuestros niños

Por ellos, nuestros niños

 

Nuestros hijos, nuestros alumnos quieren vivir y disfrutar de su presente y deben prepararse para su futuro y por ello necesitan que familia y escuela se pongan de acuerdo, especialmente en estos momentos, para acompañarles y desarrollar una Educación compartida.

Los jóvenes de hoy en día tienen unas características que les distinguen de las anteriores generaciones. En primer lugar poseen una doble Identidad -real y virtual- y están expuestos las 24 horas del día los 7 días en semana, es decir, su intimidad se ve afectada y nos encontramos con algunos de ellos que muestran una gran soledad/desconexión a pesar de vivir permanentemente conectados. La presencia de las tecnologías e internet en su vida ha globalizado sus relaciones, han ganado en autonomía y les permiten tener una mentalidad más abierta e internacional. A su vez existe una tendencia, según estudios especializados, a confiar menos en los demás, por lo que establecen vínculos débiles.

Nuestros jóvenes no tienen tiempo para aburrirse, pues están gran parte de su jornada ocupados y el resto, en muchos casos, están entretenidos en las redes sociales, devorando contenidos, pero pocas veces creándolos. Esto provoca una disminución de la imaginación y creatividad. También disminuye su tiempo de descanso, lo que puede provocar desajustes en su salud. Aumenta la necesidad de una rapidez de repuesta, no están acostumbrados a ser pacientes, por lo que la espera les puede generar  indiferencia o ansiedad.

Nuestros jóvenes han heredado un planeta herido por lo que están más preocupados por el medio ambiente y son conscientes de la necesidad de actuar para su conservación.

Las familias solemos estar muy pendientes de nuestros hijos y muchas veces, incluso inconscientemente, depositamos en ellos todas nuestras ilusiones y frustraciones. Deseamos que alcancen la felicidad y se conviertan en ciudadanos bien preparados en este mundo competitivo. Por este motivo les solemos ocupar todo su tiempo con actividades extraescolares por lo que reducimos el tiempo para que jueguen en el parque o en casa y, así mismo, se reduce mucho las experiencias compartidas por los miembros de la familia.

Muchas veces nos adelantamos a los deseos de nuestros hijos y les compramos o les preguntamos qué quieren que les compremos, cuando realmente deberíamos preguntar qué desean hacer juntos, invertir en experiencias comunes. También es importante inculcarles la importancia del trabajo y esfuerzo cuando pretenden lograr un objetivo. Es importantísima la labor de las familias en la educación. Uno de los éxitos de la educación en Finlandia, tan reconocida internacionalmente, es la confianza de las familias en los profesores y colegios y, a su vez, el apoyo a la educación de sus hijos que se transluce en tiempo de calidad dedicado a compartir con sus hijos actividades culturales.

Entre las familias nos encontramos con los padres y madres helicóptero que están sobrevolando la vida de sus hijos para acudir a su llamada cuando ellos les necesiten e incluso antes de que se los pidan. Esto provoca una sensación de inmediatez y facilidad en ellos, pues no les dejan equivocarse, cuando la principal forma del aprendizaje es a través del error. Otros, aún más “preocupados” por la felicidad de sus hijos, llamados padres y madres curling (en referencia al deporte de invierno), están continuamente eliminando los obstáculos que se le presentan a sus hijos y así, erróneamente, no pierdan autoestima y crezcan con un gran amor propio. Sin embargo, consiguen que no afronten sus problemas y menos que intenten resolverlos y tomen decisiones.

Nuestros hijos, para su desarrollo personal, deben saber reconocer y vivir sus emociones, tanto positivas, negativas o neutras y es una función fundamental de padres y profesores ayudarles a regularlas y controlarlas para que así puedan afrontar su vida.

La labor del profesor juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestros hijos. Mucho se habla de la importancia de la tecnología, los espacios educativos o de las pedagogías activas del aprendizaje para poder acompañar y ayudar a todos los alumnos, cada uno de ellos con una personalidad, cualidad, inteligencia diferente.

No cabe la menor duda que la vocación, la motivación intrínseca de una docente y su capacidad de compasión con sus alumnos es lo que le hace ser diferente, ahora y siempre. Un buen profesor quiere soñar en grande sobre sus alumnos y desea lo mejor para cada uno de ellos y les ayuda a alcanzar sus metas, es decir, tiene unas expectativas altas para ellos. Por ello se preocupará por buscar la forma de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, centrándose individualmente en cada alumno y permitiendo su crecimiento personal. La curiosidad para investigar los distintos tipos de métodos y herramientas que intervienen en dicho proceso proviene de su interés y la falta de tiempo no siempre es excusa, pues “Trabajar duro por algo que no nos interesa se llama estrés. Trabajar duro por algo que amamos se llama pasión”.

Hemos escuchado muchas veces de padres y madres: “yo era igual con su edad”, ni que eso signifique que lo hace bien, o “hemos criado a mis dos hijos por igual y no entiendo porque este es así”, quizás precisamente por eso pues cada uno es diferente y necesita un trato distinto. Y por parte de los profesores: “siempre lo hemos hecho así”, precisamente si quieres cambiar debes hacerlo diferente, o “debemos tratar a todos por igual”, si son distintos requieren un trato diferente, no se trata de equidad sino de justicia.

La sociedad nos habla de la  importancia de dotar de contenidos o competencias para que se conviertan en ciudadanos exitosos, pero es nuestra obligación cuidar de su salud física y mental y dotarles de los valores necesarios para afrontar la realidad que les rodea con respeto, responsabilidad y resiliencia.

Padres y madres, profesores y profesoras, somos ejemplo, no solo por lo que transmitimos sino también por lo que hacemos. Debemos ir de la mano y no podemos esperar más, pues su presente y futuro están en juego. Así que todos  juntos debemos ayudar a nuestros hijos, nuestros alumnos, a que aprendan a escuchar, a pedir, a dar, a compartir, a esforzarse, a equivocarse , a sentir, en definitiva, a vivir, pues esto es educar y educar es libertad.

 

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