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La revolución educativa comienza en el aula

Llevamos años escuchando y hablando sobre Educación: currículum, competencias, habilidades, contenidos, actitudes, metodologías, pedagogías, tecnologías, leyes educativas, innovación, espacios, enseñanza, aprendizaje,… Todo ello con el objetivo de formar y ayudar a todos los miembros de las instituciones educativas ante el cambio educativo que está teniendo lugar y que debería haber sucedido a la misma velocidad que cambió la sociedad. Considero que estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido y, de hecho, son muchos  los centros que están invirtiendo en formación de personal y mejora de los espacios e infraestructuras.
No obstante, en mi opinión, el verdadero responsable del cambio y de la innovación educativa es el maestro o profesor. Desde el siglo pasado, en pequeños o grandes escuelas nos hemos encontrado con docentes que han considerado al alumno como centro de cualquier acción del proceso de enseñanza-aprendizaje y han empleado los mecanismos oportunos para motivar a todos sus alumnos, acompañándoles durante el proceso. Quiero rendir homenaje a estos profesores o maestros que no buscan excusas e independientemente de las leyes, metodologías o tecnologías, realizan su trabajo (vocación) con una implicación y profesionalidad total. Atienden la singularidad de cada alumno, valoran la diversidad existente en el aula y son  capaces de que cada uno de ello descubra el potencial que posee y lo desarrolle. Creo que son los superhéroes del mundo real, capaces de transformarlo.

Durante todo este tiempo de transición hacia una nueva escuela son muchos los maestros, profesores y directivos que se han puesto en marcha y se han formado para conseguir los superpoderes necesarios para emular a sus compañeros. Quiero darles la enhorabuena y animarles a seguir trabajando por el bien común de nuestra sociedad, pues los alumnos son el presente de nuestro futuro. No obstante, es necesario definir la finalidad de la innovación educativa que quieras implantar para que tenga sentido y se produzca un verdadero cambio. Por muy buenas intenciones que tengas a nivel individual no debes tirarte a la piscina sin antes valorar las consecuencias que podría tener.

En  centros públicos, privados o concertados de cualquier rincón de nuestra geografía nos podemos encontrar magníficos docentes usando diferentes y variadas metodologías con el objetivo de empoderar a sus alumnos de cara a su futuro. Y es ahí donde quisiera incidir,  la verdadera revolución educativa comienza en el aula por parte de alumnos y profesores. Su objetivo es dotar de  las herramientas necesarias a nuestros alumnos y acompañarles para que se formen como personas;  darles confianza y dejar que desarrollen sus talentos en situaciones reales y así puedan aplicar su creatividad, innovación y emprendimiento en mejorar el mundo que les rodea. Todo ello en un ambiente cálido donde las emociones jueguen un papel primordial, pues son la base para que todo lo demás tenga sentido. El reconocimiento de las emociones, la regulación y gestión de las mismas, las habilidades sociales y la empatía son indispensables para adquirir el resto de las competencias y poder ser resiliente en este mundo en continuo cambio. Tal y como señala Francisco Mora en su libro Neureducación “el cerebro necesita emocionarse para aprender” o “solo se puede aprender aquello que se ama”. Así un profesor excelente puede convertir cualquier experiencia o actividad sosa en algo interesante, no debemos olvidar el lema Enseñamos con amor, aprendemos con alegría.

Si como hemos oído nos encontramos ante la sociedad del conocimiento, la sociedad de la información y últimamente, la sociedad del aprendizaje, no creen que ¿los docentes deberían ser los verdaderos protagonistas de la misma? . Dejamos en sus manos el tesoro más preciado de cada casa, por lo que, desde todos los ámbitos sociales, políticos y económicos deberíamos colaborar y ayudarles en su tarea; animarles y confiar en ellos; y reconocer y agradecer su papel pues el presente y el futuro de nuestra sociedad depende de ellos.

Así que no esperemos por leyes ni busquemos en las pedagogías emergentes o en las tecnologías el agente de cambio, pues la verdadera revolución educativa comienza en el aula y son los docentes los líderes de la misma. Apostemos por ellos, saldremos todos ganando.

 

Publicada en La Provincia, domingo 11 de marzo de 2018

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