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Educar para la VIDA

Desde sus orígenes el sentido de la escuela era formar personas con las competencias y contenidos suficientes para convertirse en ciudadanos activos de nuestra sociedad. Hoy en día el objetivo final sigue siendo el mismo, entonces ¿qué ha cambiado?¿por qué no podemos seguir siendo maestros tradicionales?.

La respuesta es muy sencilla la sociedad ha sufrido una serie de transformaciones que hace que la VIDA de nuestros alumnos sea completamente diferente.

Su Vida es más variable. Durante el periodo de tiempo que están formándose se van a enfrentar a muchísimos cambios, la variabilidad de su entorno es constante y ellos deben estar preparados a adaptarse de forma activa a los mismos.

Su vIda es más incierta. El futuro que se van a encontrar es impredecible, la mayoría de los trabajos a los que van a poder acceder ni siquiera conocemos cuáles podrán ser.

Su viDa es muy diversa. Debemos pasar página al taylorismo educativo en el que enseñábamos a todos lo mismo y de la misma forma pues hoy en día “pensar diferente hace que tengas todo el camino para ti” y en este mundo cada vez más globalizado se premia la diversidad, lo único, lo auténtico.

Su vidA es muy adaptable. El entorno que rodea a nuestros alumnos, según el lugar donde les haya tocado nacer, es muy diferente y la adaptación a su medio es primordial para su desarrollo como persona.

Por todo ello si queremos educar para la vida, su vida, debemos de dejar de ser maestros o profesores, meros transmisores de contenidos, para convertirnos en guías, acompañantes, mentores, entrenadores,…

Realmente nuestros alumnos son únicos y no podemos desaprovechar su talento, por lo que debemos aprovechar las oportunidades que el mundo actual nos brinda para ofrecerles la posibilidad de desarrollarlo. No podemos cortarles la creatividad por el hecho de ser jóvenes, justo todo lo contrario. Hoy en día tienen al alcance de su mano todos los contenidos necesarios para poder hacer, crear, investigar,…

¿En qué consiste la innovación educativa? En mi opinión, desde las escuelas debemos dejar que nuestros alumnos desarrollen su talento, imaginación y creatividad y animarles y acompañarles para lograr los objetivos que se propongan. Debemos dejarles hacer, dejarles sentir, dejarles ser,…

Según Tal Ben Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, “la felicidad es el significado y el propósito de la vida, todo el objetivo y el fin de la existencia humana”. De ahí que su curso de psicología positiva sobre cómo aprender a ser más feliz se haya convertido en el de más popularidad y éxito de esta prestigiosa universidad.

A lo largo de su existencia nuestros alumnos deben ser capaces de regular y controlar sus emociones, tanto las positivas como las negativas para poder vivir de forma autónoma y disfrutar del mundo que les rodea. En este sentido, la conectividad hace que se encuentran más expuestos y les sea más difícil encontrar su identidad e intimidad. Viven entre dos mundos, el real y el virtual y para alcanzar su verdadera felicidad deben alinear ambos. La felicidad virtual (hAPPy), que muestran a través de las redes sociales, les produce una satisfacción instantánea y pasajera que les confunde a la hora de buscar la verdadera felicidad (Happy), emoción que se consigue cuando alcanzas la meta deseada.

Por ello, es necesario que todos los que formamos parte de su educación les ayudemos y apoyemos en su desarrollo como personas. A nivel competencial es importante hacerles preguntas y no darles las respuestas, motivar su curiosidad, guiarles en su investigación, fomentar su espíritu crítico valorando sus opiniones, pues ellos deben aprender haciendo en un contexto real. En el aspecto emocional es imprescindible que les demos cariño, comprensión y les dejemos experimentar todo tipo de emociones, pues ellos deben aprender sintiendo.

En definitiva, debemos poner Meraki (concepto del griego moderno que significa hacer algo con amor y creatividad poniendo el alma en ello) en nuestra labor como docentes para que nuestros alumnos puedan alcanzar su felicidad y nosotros sentir orgullo ajeno por lo que han conseguido. Solo así estamos educando para la vida, su VIDA.

 

Publicada en La Provincia, martes 21 de noviembre de 2017

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